UEFA Futsal
El Sporting de Portugal se cobra la venganza ante el Jimbee Cartagena Costa Cálida en la tanda de penaltis
Publicada el 08/05/2026
Los penaltis volvieron a ser decisivos en el cruce entre el Jimbee Cartagena Costa Cálida y el Sporting de Portugal. Si el año pasado fueron los españoles los que se colgaron el bronce al imponerse desde esa distancia, en Pésaro (Italia) los lusos le devolvieron la jugada en las primeras semifinales de la UEFA Futsal Champions League. El encuentro fue duro, competido y repleto de detalles. Fue uno el que lo decidió después de que los cartageneros desperdiciaron una ventaja de 2-0 y empataran con orgullo en la prórroga. El fatídico punto dictó sentencia.
El nombre de la primera parte fue Chemi. Se podría decir lo contrario, puesto que el resultado sonreía a los cartageneros al descanso, pero así fue por el único motivo de que el arquero internacional repelió cualquier intento portugués de romper el equilibrio español. Sacó todo, especialmente durante los cinco primeros minutos en los que los blanquiverdes estuvieron más intensos y voluntariosos en ataque. Varios jugadores intentaron batir al de Mazarrón y ninguno pudo, ya se llamara Zicky Té, Tomás Paçó o Diogo Santos. Imponían por su trayectoria y sus nombres, pero estuvieron desactivados por el motivo ya mencionado.
Todo cambió en el minuto 12, cuando el Jimbee seguía contra las cuerdas. Waltinho peleó una pelota como nadie y se zafó con el defensor que se le interpuso. Robó el balón y conectó una pared con Tomaz para inaugurar el marcador a puerta vacía (1-0). Le hacía mucha falta a los de Duda romper el hielo de esta forma y establecer una barrera con su adversario. Continuaron con un poco más de confianza mientras que crecía el nerviosismo en los lisboetas. Así se aprovechó Gon Castejón de otra indecisión lusa para recorrer la banda y mandar un puñal al área de Bernardo Paçó. Allí esperaba Cortés —en su reaparición tras lesión— para embocar el 2-0 a poco más de dos minutos del término. Un escenario idílico e inesperado, ya que se vio más supervivencia que sosiego. Y volvamos a mencionar a Chemi, sobre todo si miramos las estadísticas: el Sporting dobló en disparos, además de cuadriplicar tanto en los a puerta como en los saques de esquina. Aun así, se fue con desventaja al intermedio.
Sin embargo, cuando el balón rodó durante más de un minuto se produjo un hecho con dos desastres intrínsecos para los intereses meloneros: primero, Zicky Té recortó distancias en una de las pocas jugadas en las que fue él (2-1) y segundo, la lesión en la rodilla derecha de Chemi. Eso produjo un golpe psicológico que le costó el empate a los de la Región. Apenas tres minutos después fue Felipe Valerio el que conectó un tremendo golpeo para nivelar el asunto (2-2). Esto propició un bombardeo constante sobre la meta de Chispi, que bien realizó varias intervenciones de éxito para que no volviera a desajustarse el marcador. El Jimbee no conseguía hallar su propia esencia, la que le llevó a ganar títulos en España.
El asunto estaba peliagudo con el paso de los minutos, pues no había reacción española ante la apisonadora que venía a altas velocidades. Lo que le podría salvar a los cartageneros sería que la prórroga llegara, lo que significaría que habrían aguantado el aluvión. Al menos una noticia positiva para resetear la cabeza y preparar un nuevo miniencuentro, ambos con cinco faltas en su casillero para el tiempo extra. La bocina llegó y se produjo una tensa calma en los banquillos.
Lo que estaba claro es que las arritmias no iban a cesar. Mejoró bastante el vigente campeón de la Liga española y eso coincidió con el acierto de los del país vecino. Tomás Paçó logró embocar otro disparo con muchas piernas delante para ponerse por arriba (2-3), aunque la buena notició llegó 48 segundos después. La disposición del juego de cinco provocó que Gon Castejón sofocara la remontada para volver a poner la igualada (3-3). Así murió la primera parte y la segunda continuó con otro sobresalto al minuto de la reanudación: esta vez fue Chispi quien se hizo grande en un lanzamiento de 10 metros que detuvo a Tomás Paçó. Nadie se podía relajar. Tras esto se interrumpió mucho la circulación en sendos bandos en los que se implicaron más los nervios que otra cosa.
La tanda de penaltis era la protagonista en esos momentos. Ahí también ocurrió de todo, incluso la repetición de uno o ver a Gon Castejón en la meta para intentar descentrar el asunto. Sin embargo, sólo hubo un lanzamiento que se detuvo y ese fue el de Osamanmusa, en el sexto, que paró Gonçalo y vengó la tanda del año pasado por el bronce. Los lusos alcanzan de esta forma la octava final de su historia —al igual que el Inter—, mientras que los de la ciudad trimilenaria volverán a luchar por el metal cobrizo.