Los mallorquines logran un registro histórico y lucharán por su cuarto entorchado consecutivo en su cuarta participación, algo que nadie ha conseguido en la historia

Europa tiene algo especial con el Illes Balears Palma Futsal. No sabemos qué tipo de conjuro se lanzó hace cuatro temporadas, pero parece no tener fin incluso en situaciones que se escapan del sentido común. No se puede explicar de otra forma lo vivido en Pésaro (Italia) ante el Étoile Lavalloise francés. Los de Vadillo remontaron cinco goles de desventaja para plantarse en su cuarta final consecutiva de Copa de Europa, un registro que jamás había sucedido en la historia de la competencia. Si no están casados ya, el Palma debería pedirle matrimonio a este torneo.

Eso sí, hubo que lucharlo. Mucho. Nadie se imaginaba que se iba a repetir el cuento de la primera jornada de la presente edición de la competición. No sólo los franceses anotaron un gol, sino dos seguidos. Es decir, doblaron la distancia que consiguieron en la primera parte de Son Moix. Esta vez fueron Guirio y Lutin los que pusieron el 0-2 en apenas 40 segundos del sexto minuto. Vadillo se vio obligado a pedir un tiempo muerto para despertar a sus jugadores. Era necesario que no se vinieran abajo en esta situación. Les costó entrar al vigente campeón de la competición y no fue hasta el décimo minuto cuando Charuto presionó, robó un balón y el disparo de Lucão fuer rechazado por Marquet y le cayó al pívot, que no perdonó a puerta vacía (1-2).

Esta vez los mallorquines no esperaron a la segunda parte para igualar y tan sólo dos minutos después Piqueras conectó una preciosa vaselina para el 2-2. Sin embargo, los colegiados decidieron anular el tanto por una infracción previa. Los galos seguían muy firmes en sus intenciones y en la idea de circulación: constantes ayudas para salir de presión e incomodar a toda camiseta verde que se le ponía por delante. De alguna forma se tenía que transformar tal apuesta y fue con una falta que embocó Bakkali tras rozar en la barrera isleña (1-3). Dennis no pudo evitar que el balón se colara en la meta.

La cosa fue a peor porque de una acción a balón parado se pasó a un contragolpe francés en un dos contra uno que Guirio no perdonó a cinco minutos del descanso (1-4). Poco después, Guirio completaría su triplete después de robar un pase de Dennis y definir a puerta vacía (1-5). Cuando parecía que la cosa no podía ir a peor, Mouhoudine puso el sexto en otro contraataque y otro mano a mano (1-6). Saltaba una sorpresa tremenda en Pésaro. La estampa era desoladora. Menos mal que Fabinho recortó distancias a 16 segundos para el intermedio (2-6).

Las esperanzas se dispararon a los pocos segundos de la reanudación, cuando Machado aprovechó la indecisión de la defensa rival para poner el 3-6. El panorama era totalmente distinto. Y tanto, porque a 15 minutos del término Deivão robó otra pelota y anotó el cuarto para los españoles (4-6). Quedaba tiempo. La distancia física y mental era varias toneladas menor. Entonces se centró el juego en las decisiones de Luan Muller, que volvió tras una lesión que le tuvo varios meses alejado. Eso paró el juego para tranquilizar los nervios. Todo se avivó a ocho minutos para el final, cuando Fabinho llevó otro de sus excelsos golpeos hasta el fondo de la portería (5-6). Seguía acercándose el objetivo.

Y llegó de la manera más inesperada. En una chilena fallida de Charuto, el propio Guirio —héroe en la primera parte— empujó al brasileño y los árbitros señalaron penalti. Ahí fue cuando Fabinho también se apuntó su tercer tanto en el encuentro y niveló la contienda (6-6). La locura del espectáculo del fútbol sala. Ahí se detuvo cualquier frenesí, a falta de cuatro minutos, para que todos guardaron el botín conseguido. De esta forma se llegó a la prórroga con mucho desgaste tras tanto vaivén. Manolo Moya dispuso el juego de cinco con la intención de que el tiempo corriera y así lo consiguió, pues los penaltis asomaron al final.

Esta vez sí, la suerte de la tanda de los penaltis sonrió al conjunto español. El único jugador que falló su lanzamiento fue Guirio o, más bien, Luan Muller no permitió que esa pelota entrara. Dio la gloria, una vez más, al Illes Balears Palma Futsal para ser el único equipo capaz de clasificarse para cuatro finales consecutivas de Copa de Europa en la historia de la competencia. Un hecho a remarcar al que le depara otra situación nada común. Su rival será el Sporting de Portugal, a quien ya venció en el último partido de la edición de 2023, también desde el punto fatídico.